lunes, 30 de enero de 2012

(185)


Regalaba una sonrisa a cualquiera,
Y sus palabras decían exactamente lo que querías oír.
Era la inca prohibida para cualquiera de fuera, 
pero la única flor que quería yo oler.

Entre gin-tonic y gin-tonic me acerque hasta su lado, 
con la expectación que aquello pudo causar. 

La forma de su boca, el compás de sus caderas...
volverían loco a cualquiera como me volvieron a mi. 

Sus besos eran de todos,
pero me pertenecían a  mi.
O eso me dijo con un susurro al oído.
Yo inexperto de mi , la creí a ciegas,
llevándose ella consigo mi corazón y mi cartera.

Ahora la busco de taberna en taberna,
de cama en cama con cualquier mujer.
Pero no aparece la inca, con ojos de fiera.
Que se llevó mi alma, aunque éso no quisiera. 

2 comentarios:

cucaraton dijo...

Genial, como siempre..

Julio López dijo...

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